Monasterio San Miguel de la Breña

SAN MIGUEL DE LA BREÑA:

 

UN MONASTERIO REUTILIZADO EN LOS CONFINES ANDALUCES DE SIERRA MORENA.

Fernando Mendoza Castells Arquitecto. José Mª. Medianero Hernández Prof. de Historia del Arte.

 

Sobre un dilatado, pardo y pedregoso otero, a algo más de una legua de la localidad sevillana de Alanís aunque rozando ya con la extremeña tierra de Badajoz, se descubre todavía la silueta de una iglesia. Los aperos del campo, cobertizos y establos han diluido el aspecto monástico del lugar, si bien con atención se descubren los vestigios de la huerta, la fuente, el compás y hasta se diría que puede intuirse el ritmo silencioso de un claustro inexistente. No son ruinas, como escriben muchos autores, son los restos reconocibles del que fuera convento basilio de San Miguel de la Breña.

La Orden de los Basilios y los orígenes del monasterio.

Los popularmente conocidos como monjes basilios eran seguidores de las reglas dadas por San Basilio en el siglo IV. Dedicados al cultivo espiritual y a la religión en un retiro eremítico, tuvieron en Occidente bastantes monasterios, sobre todo en Sicilia e I talia meridional. Por citar sólo un ejemplo representativo, hay que recordar el famoso monasterio de Rosano.

En España la Orden de los Basilios se estableció a f ines del siglo XVI, si bien este establecimiento vino precedido de una iniciativa anacorética de matiz monástico representada por tres religiosos: el P. Mateo de la Fuente, el P. Bernardo de la Cruz y el P. Francisco Aguilar de Loaisa.

El primero se sintió atraído por la vida eremítica y junto con otros religiosos se retiró a Sierra Morena, en las inmediaciones del pueblo cordobés de Hornachuelos, levantando un conjunto improvisado de celdas que se convirtió luego en el monasterio conocido como "el Tardón". El P. Bernardo de la Cruz obró de manera parecida en las asperezas serranas de Jaén, cerca del Guadalquivir, incorporándose por consejo del obispo de la diócesis a la regla de San Basilio. Por su parte el P. Francisco Aguilar de Loaisa marchó a Roma con la intención de fundar una congregación de ermitaños, interesándose por la orden basiliana tomar contacto con los monjes de Grottaferrata. Por fin el abad general de la congregación en Italia le envió como Vicario General a España con la misión de fundar monasterios basilios en Castilla.

Entretanto Gregorio XIII por la bula "Cogit muneris" unió en 1577 los monasterios del Tardón y e l fundado en tierras jiennenses por Bernardo de la Cruz en una sola Provincia. El P. Francisco Aguilar por su parte, más tarde, fundó a su vez otro monasterio basilio en Valladolid. Surgió entonces e l deseo de una unificación de todos estos cenobios hispanos; efectivamente, el Papa Clemente VIII, exhortado por Felipe II, encomendó el asunto al Deán de la catedral de Córdoba D. Luis Fernández de Córdoba. De 1592 a 1595 tuvo lugar el proceso y por fin se acordó crear una sola Provincia de monjes basilios españoles bajo mandato de un Superior Provincial, cargo que recayó en el P. Bernardo de la Cruz.

Sin embargo, los monjes del Tardón y algún otro monasterio adherido presentaban un ascetismo muy acusado, destacado y encomiado incluso en su momento por figuras tan conocidas en este sentido como St a . Teresa de Jesús. Los monasterios fundados por el P. Mateo de la Fuente ansiaban la perfección evangélica a través de la vida de contemplación y del trabajo manual. En cambio el resto de los basilios hispanos no se imponían alcances espirituales tan elevados y sí mejor se involucraban en la vida activa, al modo de las órdenes mendicantes.

Muy pronto vino lo irremediable; las tensiones llevaron al Papa Clemente VIII a consumar en 1603 una escisión: "el Tardón" se constituyó en provincia autónoma de carácter recoleto y el resto se repartió entre dos provincias conocidas como Andalucía y Castilla. No obstante, " e l Tardón" continuó siendo a lo largo de la primera mitad del siglo XVII una provincia conflictiva; entre otros problemas de carácter religioso, una cuestión recurrente fue la mala proporción entre sacerdotes y legos que venían a completar el capítulo en cada uno de los monasterios.

Dentro de esta provincia ardiente en sus creencias pero perturbada por su organización surgió el monasterio que nos interesa: San Miguel de la Breña. Algún autor afirma que fue fundado por el propio Mateo de la Fuente en el año 1567, pero la falta de confirmación documental y la carencia de referencias en este sentido en la bibliografía específica lleva a pensar que esta datación no es sino la del monasterio de San Basilio de Hornachuelos. Desde luego San Miguel de la Breña debió surgir como émulo del mencionado, si bien posiblemente ya comenzado el siglo XVII.

Por cierto que el lugar elegido resultaba idóneo: poco poblado, de arisco suelo y solitario emplazamiento, pero de amplios horizontes e inabarcable cielo, ideal para la meditación religiosa y el trabajo arduo que se proponía esta facción de la orden. Precisamente el complemento de su advocación - "de la Breña" - hace referencia a estas cualidades del lugar: "Tierra quebrada entre peñascos y cubierta de maleza". Un territorio inmejorable para revivir la vida anacorética del fundador San Basilio en la añorada Tebaida.

Esplendor y Ocaso.

Con seguridad sabemos que en 1667 San Miguel de la Breña estaba fundado y se desarrollaba la vida monástica entre sus paredes. De esta manera la "Provincia del Tardón" comprendía los siguientes monasterios en la fecha antedicha: San Basilio del Tardón (inmediato a Hornachuelos, en Córdoba); San Antonio del valle de Galleguillos (cerca de Las Navas de la Concepción); Ntra. Sra. De la Esperanza de Retamar (no muy lejos de Puebla de los Infantes) y San Miguel de la Breña. Advirtiendo que además estos monasterios contaban con casasenfermerías en caso de necesidad: una en Constantina y otra en Palma del Río.

Hay que dejar claro que San Miguel de la Breña nunca fue uno de los monasterios principales y mantuvo siempre un número relativamente escaso de monjes. Aunque perseveraría en la tónica de los monasterios de la "Provincia del Tardón" de ser muy celoso con sus creencias y vida monástica, no aceptando visitadores que no fuesen de la misma provincia.

También como todos los monasterios basilios de Sierra Morena debió de enfrentarse a la gran cantidad de legos que llamaban a sus puertas sin verdadera vocación monástica, buscando en verdad la prosperidad económica que disfrutaban estos monasterios y, al mismo tiempo, huyendo de las levas de soldados requeridas por los distintos reyes hispanos o tratando de salvar el mísero trabajo como jornaleros. Por esto se detectan auténticos enfrentamientos internos entre legos y sacerdotes que, por supuesto, también hubieron de sacudir el monasterio de San Miguel.

Desde luego, las propiedades con que contaba el cenobio eran realmente importantes para la época. En un momento en e l cual ya había comenzado el declinar del establecimiento monástico, a mediados del siglo XVIII, la documentación nos proporciona la enumeración de sus bienes:

- Distintas casas en las calles de San Nicolás y de la Fuente en Alanís. - Varias fincas en su término. - 565 cabras de vientre. - 120 cabras de un año y 299 machos. - 420 ovejas de vientre. - 123 carneros. - 36 vacas de vientre. - 20 bueyes . - 9 yeguas de vientre. - 2 potros. - 1 caballo y 2 jumentos. - 6 jumentas de vientre. - 3 caballerías mulares. - 16 puercas de vientre. - 43 puercos de más de dos años. - 34 lechones. - 465 colmenas. - 4 molinos harineros en la ribera de Benalijar.

Como puede apreciarse la riqueza del monasterio era considerable, y eso como se adelantó cuando ya se iniciaba el declinar del monasterio, antes hubo de tener aún más. Ese declinar se detecta por la disminución de los miembros de la comunidad que se observa a partir de comienzos del siglo XVIII; el catastro del Marqués de la Ensenada (1750-52) señala ya sólo 20 monjes en San Miguel. Y el censo realizado en 1787 por el Conde de Floridablanca ni siquiera menciona al monasterio, aunque por las cifras totales puede constatarse que San Miguel estaría ya prácticamente despoblado.

Se detectan asimi smo discordias y falta de celo espiritual. Por ejemplo, a pesar de la tendencia inicial a no mezclarse en los asuntos religiosos de la vida cotidiana fuera del medio monástico, se documentan en estos últimos años cuarenta y dos partidas de bautismo administrados por monjes basilios de San Miguel en la parroquia de Alanís, además de algunas de matrimonio. Resulta significativa la anotación que dejó escrita al margen del libro correspondiente el obispo de la diócesis en su visita del 16 de Noviembre de 1784: que la obligación de administrar los sacramentos correspondía a los curas o párrocos, los cuales debían abstenerse de delegar tales funciones en los regulares con la frecuencia que se advertía.

Asimismo las dificultades económicas comienzan a hacer mella en l a comunidad a partir de la mediación del siglo XVIII. Los rentables molinos se van vendiendo y hasta tierras de "pan sembrar" de excelente calidad; a s í en 1770, según documento conservado en el Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla, la Fábrica de la Iglesia Parroquial de Alanís pretendía comprar una "serca" de t i erras del monasterio que se tasaban nada menos que en 7.500 reales de vellón, desde hacía bastantes años deseada y que por fin los monjes ponían a la venta.

Por todo ello, en 1788 el rey de España, considerando la decadencia de muchos monasterios de la Orden, propuso por medio de su embajador al papa un escrito que contenía el "Plan para la erección de una nueva congregación nacional de los Monges de la Orden de San Basilio en España". En el mismo se suprime la "Provincia del Tardón", quedando asimilada por la de Andalucía, y sólo permanecían de ella los monasterios de Hornachuelos y San Antonio del Valle. San Miguel de la Breña se había extinguido oficialmente.

Cuando los franceses a su paso por Sierra Morena rondaron por sus inmediaciones encontrarían unos edificios cerrados, presas fáciles para el pillaje y saqueo. Efectivamente éste tuvo lugar por las tropas invasoras en 1810. Probablemente como era habitual robaron la plata y enseres de valor, destrozando y maltratando el resto, sobre todo las imágenes y retablos.

La Desamortización de 1835 hizo pasar progresivamente a manos de particulares las tierras e instalaciones del antiguo monasterio. A partir de entonces se debieron verificar las consiguientes transformaciones para adecuar el complejo a sus nuevas funciones agropecuarias. Así la iglesia se dividió interiormente en dos pisos, dedicando el bajo a molino de aceitunas y el alto a vivienda del propietario; se construyó una pequeña capilla aneja a la antigua iglesia para un culto reducido; se levantaron distintos cobertizos y establos para los aperos y ganados posiblemente en lo que fueron antiguas dependencias conventuales, formando a modo de un alargado patio; se cerró este espacio por medio de una ancha puerta de hierro y se reaprovecharon el manantial y la alberca de la huerta para las nuevas necesidades de labor. Poco a poco el antiguo cenobio quedó convertido en una finca rústica como hoy podemos comprobar.

Descripción de los restos conservados.

Es preciso comenzar por la pieza que descubre e l origen monástico del complejo, la iglesia, bien manifiest a aún con su espadaña altiva al viento y su cimborrio poligonal. Se trata de un sencillo templo de planta rectangular, compuesto por nave única de cuatro tramos, el espacio cuadrangular cubierto por dicho cimborrio y otra crujía añadida a manera de cabecera donde se halló en su momento e l altar mayor. Los tramos se articulan y dividen a través de pilastras que sostienen los arcos fajones de las bóvedas de cañón que constituyen la cubierta . Por algunos restos conservados, es presumible que estos arcos estuviesen en su momento pintados o estucados. El espacio del cimborrio lo cubre una bóveda de media naranja que trasdosa en una estructura octogonal y que a su vez se corona con una linterna asimismo poligonal de planta, cubierta por cupulín rematado en pedestalillo latericio que sostenía una veleta de for j a . Tejas tradicionales recubren e l cimborrio mientras que el trasdós de las bóvedas de la nave se dispone en techumbre plana con losetas cerámicas rojas. A lo largo de los muros laterales protege de la caída una balaustrada calada de ladrillo entre machones cuadrados del mismo material y remates de pinaculillos en cerámica vidriada.

En cuanto a las portadas, también la simplicidad se constituye en su principal cualidad. Se observan tres: una a los pies y dos laterales. La primera se halla cegada y en mal estado de conservación; sería muy simi l a r a l a s laterales, mejor conservadas: sencillos vanos adintelados enmarcados por pilastras laterales que sostienen escuetas cornisas sobre las que alzan lateralmente pequeños pedestales rematados en bolas, todo ello de escaso relieve.

Sin duda lo más lucido es la espadaña, pieza importante en su momento por la finalidad de llamar al culto a los monjes cuando se hallaban en sus labores del campo. Por cierto que la presencia de una espadaña y no de una torre debe tener su fundamento en las exigencias de la orden, pues todas aquellas reglas que desarrollaban un gran ascetismo y rigidez espiritual, como por ejemplo los cistercienses, propugnaban en sus edificios humildes espadañas y no altivas torres. Sin embargo aquí la espadaña posee una cierta entidad, sobre todo si lo comparamos con el resto del edificio; da la impresión de que los constructores centraron sus escasas pretensiones en el objeto que reclamaba en los momentos claves la atención de los miembros de la congregación. En fábrica de ladrillo enlucido, se compone de dos cuerpos, articulado el primero en tres vanos de medio punto enmarcados por columnas toscanas que sostienen un liso entablamento. Éste cumple las funciones de base del segundo cuerpo de un solo vano de idéntica configuración, de donde hoy cuelga una única campana, con su respectivo frontoncillo coronado por cruz de forja.

Hay que recordar que, en el interior, la iglesia ha sido dividida en dos en alzado para dejar la planta baja como molino y la alta como vivienda, siendo más dañada la zona baja, si bien aún se perciben unas gradas en la zona de la antigua cabecera que debía de ser la pequeña escalinata que conducía al presbiterio. En la planta alta el cambio más destacado viene dado por los balcones que han sustituido, prolongándolos, a los antiguos ventanales.

En cuanto al resto de edificios monásticos poco es lo que puede decirse. No se encuentran vestigios superficiales del claustro, pudiera ser porque nunca se llegase a construir. La disposición de la actual cortijada de manera irregular apoya l a hipótesis de que el cenobio fuera surgiendo poco a poco sin planificación previa; esto es, se trataría de un conjunto aluvional, en el cual se construiría primero la iglesia como era tradicional y en torno a ella se fueran añadiendo las distintas dependencias según las necesidades y s in demasiadas pretensiones. Lo expuesto justifica la dificultad de datación del conjunto. El espíritu ascético modula y simplifica el estilo barroco de la iglesia, que podría ser obra del siglo XVII, más por los datos históricos que por los rasgos estilísticos.

Otro resto interesante es el manantial que convertido en fuente se emplaza en las inmediaciones de la iglesia. Un frontis también de ladrillo rematado en frontón contiene un bonito panel de azulejos pintados con la imagen de San Miguel -titular de la advocación del cenobio- vencedor del demonio, que aparece bajo sus pies, y balanza con las almas de los pecadores, que alude a su misión de arcángel examinador en el crucial momento del Juicio Final. Por su estilo parece obra del siglo XVII, de buena calidad y por su combinación de azul y blanco se podría poner en contacto con los típicos azulejos portugueses de la época.

También desde el punto de vista hídrico no deja de ser notable un gran estanque de forma ovalada que existe a unos quinientos metros del conjunto siguiendo un camino. Es una fuente de ladrillo de dos caños que embalsa su agua en ese recipiente del mi smo material para servir de riego a los terrenos de la ladera cercana. Debe tener su origen también en los años del funcionamiento monástico.

¡El "Pozo Santo"!, resto carente de monumentalidad en el corazón del conjunto pero repleto de evocaciones por su nombre, que atestigua la ocupación antigua del lugar: la presencia de un "espacio" de agua con una connotación sagrada asegura el testimonio de un enclave considerado singular que a la postre , como de hecho así fue, se elige para levantar un recinto sagrado.

Y no hay que olvidar la alberca de la antigua huerta del convento, algo transformada pero aún en funcionamiento, muy cerca de la actual cortijada. Lógicamente unas estratégicas catas, así como un detenido análisis de los muros de las construcciones actuales, podrían arrojar más luz sobre la posible huella de construcciones del pasado y, por ende, de la probable traza de la configuración primitiva del monasterio.

Leyendas, advocaciones y bienes muebles.

Los monasterios abandonados han sido desde el Romanticismo lugares propicios para la gestación de leyendas. Tampoco San Miguel de la Breña carece de ellas. No podían faltar aquí, en Sierra Morena, historias de bandoleros; se dice que en el cercano Puerto de la Higuera se reunían los bandoleros de la zona y planeaban sus correrías y atracos a diligencias. Otra leyenda parece formulada más tardíamente y sobre todo para prestigiar el extinguido monasterio. Algunos autores afirman que el propio Miguel de Mañara, arrepentido de su disipada juventud, vino a hacer penitencia aquí y vivió una temporada con los monjes adaptándose a su ascética conducta. José M.a Granero, principal biógrafo del fundador del Hospital de la Caridad, no cuenta nada de esto, pero sí se lee en su biografía que Mañara se retiró en alguna ocasión a meditar al monasterio de San Pablo de la Breña, convento franciscano situado en el término de Morón de la Frontera. Dejamos al lector que saque sus conclusiones propias al respecto.

En cuanto a las advocaciones surgidas de San Miguel hay una que presenta un indudable interés: La "Vi rgen de la Saleta", originada seguramente en el siglo XIX después del abandono del monasterio por los monjes. Los primeros propietarios construyeron junto a la cabecera de l a iglesia, al lado de la cripta que contenía el osario de los religiosos, una pequeña capilla donde se levantó un retablo neoclásico de fábrica con dobles columnas de chillones capiteles corintios pintados de verde. En un camarín interior se colocó una curiosa Vi rgen vestida de blanco con sus manos cubiertas por las mangas que atendía melancólicamente los ruegos de dos pastorcillos vestidos a la usanza popular decimonónica. Una inscripción inferior en francés remite a la ciudad de Grenoble; efectivamente cerca de allí existe un lugar de peregrinación llamado Salette, donde se encuentra una Vi rgen muy venerada. La Vi rgen de la Saleta de nuestro monasterio no es sino una castellanización de la advocación francesa; la cuestión está en averiguar cómo llego hasta aquí. Todavía en los años cincuenta colgaban de la capilla exvotos e inscripciones que probaban su culto no muy l e j ano en el tiempo también en tierras andaluzas.

El saqueo de los franceses -incluso algunos autores hablan de incendio- debió ser efectivamente destructor, pero probablemente no todas las imágenes se destrozaron. De hecho conservamos algunas que han pasado por las manos de los distintos propietarios de la finca y que nos hablan de que la iglesia hubo de tener sus retablos y altares. Por ejemplo, contamos con una imagen en madera policromada de unos 50 cms. de altura representativa de St a . Ana enseñando a leer a la Vi rgen niña. Se trata de una talla de aceptable calidad, que por ciertos recuerdos montañesinos en la figura de la Vi rgen -por cierto de mejor arte que la de su Madre- se podría datar a fines del siglo XVII.

También disponemos de una estatua sedente asimismo en madera policromada y en tamaño menor que el natural. Podría representar a un Rey Mago -cuya montura se ha perdido, pues el asiento parece posterior- o quizás a un miembro del Sanedrín en un juicio de Cristo. El caso es que no parece obra de escasa valía, en la línea estilística que implantara en la escuela sevillana Pedro Roldan, fechable a mediados del siglo XVIII.

Se habla también de un gran Santiago a caballo procedente del desaparecido cenobio que estuvo durante algún tiempo en la parroquia de Alanís. El ejemplo no sería aislado porque, probablemente, si hallásemos la documentación precisa podrían localizarse otros bienes muebles que pasaron del antiguo convento basilio tras su exclaustración a las parroquias e iglesias de Alanís, Guadalcanal o Malcocinado.

Perspectivas de actuación arquitectónica y rehabilitación.

San Miguel de la Breña es un caso insólito: edificio apenas estudiado, (el Catálogo de Hernández Díaz y Sancho Corbacho no lo describe, con la excusa de que estaba destruido), y olvidado por la ingente tarea de restauración y rehabilitación que han puesto en marcha las distintas Administraciones públicas en los últimos veinte años.

Sin embargo contamos con suficiente método de trabajo para su recuperación arquitectónica e histórica.. Los casos de l a Cartuja de Santa María de las Cuevas en Sevilla, de la de Cazalla de la Sierra y otros monasterios han permitido ensayar si stemas de restauración similares a l que se debería emplear en San Miguel de la Breña.

En primer lugar resulta necesario implicar a las distintas Administraciones ( Junta de Andalucía, Diputación Provincial, Ayuntamiento de Alanís) con la recuperación de San Miguel de la Breña. Su función deberá ser, no sólo de tipo financiero, sino de apoyo cultural y político. El lugar que ocupa el monasterio, además de su importancia histórica y cultural, tiene grandes posibilidades de reutilización, como un enclave privilegiado de turismo rural. En segundo lugar hay que lograr la unidad catastral del conjunto, actualmente dividido, y eliminar su función actual de establo ganadero. A continuación debe llevarse a cabo una campaña arqueológica en extensión que permita delimitar el conjunto monástico de San Miguel de la Breña, campaña que debe ir unida a las obras de emergencia y consolidación más urgentes para impedir el deterioro o ruina de los edificios. La localización de las distintas partes del antiguo monasterio, la recuperación de fuentes y manantiales y la comprensión global de su función, será fundamental en esta prospección inicial.

Una vez conocido con precisión el antiguo conjunto será el momento de establecer sus necesidades de restauración, en función del nuevo uso futuro. Estas obras se dividirán en fases, según disponibilidades económicas, y del programa de implantación de las nuevas actividades.

Resulta de extrema importancia la decisión de qué hacer con las reformas posteriores del monumento. La transformación de la Iglesia en molino de aceite en planta baja y vivienda en planta alta, tiene valores etnológicos y de arquitectura popular indudables. Carece de sentido devolver a San Miguel de la Breña a su antigua función monástica, pero sí lo tiene el mantener y potenciar los rasgos arquitectónicos más relevantes de cada intervención. Más que intentar dar marcha atrás al tiempo, hay que buscar un "collage" de distintas intervenciones temporales que se caractericen por su calidad y respeto al monumento y se ajusten a los nuevos usos a implantar.

F.M.C. - J.M.M.H

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES UTILIZADAS - ARCHIVO GENERAL DEL PALACIO ARZOBISPAL DE SEVILLA. Sec. III. Ordinario de Justicia. Leg. 2178. (1770). - ALDEA, Q. y Otros Diccionario de H.- Eclesiástica de España Madrid, C.S.I.C., 1972. Tomo I. - BENITO Y DURAN, A. "Las vocaciones monásticas dentro de los basilios españoles" en la Rev. Yermo Vol. 6. Monasterio El Paular, 1968. Págs. 35-68. - BENITO Y DURAN, A. "Para una historia de los monjes basilios españoles" en la Rev. Yermo Vol. 7. Monasterio de El Paular, 1969. Págs. 1-42. - CASTELLÓ GAUTTIER, L. "San Miguel de la Breña" en Alanís, Feria y Festejos, 1953 - GARCÍA BENITEZ, A. Alanís. Espacios reales y simbólicos Ayuntamiento de Alanís, 1992. - GRANERO, J. Ma Don Miguel de Manara. Sevilla, 1963. - GUERRA DE HOYOS, C. "Patrimonio cultural y reutilización" en Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico n.9 18, 1999. - LORA GÓMEZ, C. Alanís en la Historia y ¿a Leyenda. Constantina, 1989. - MADOZ, P. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1846. Tomo I. - SERRANO ORTEGA, M. Monumentos Históricos y Artísticos de los pueblos de la Provincia de Sevilla. Sevilla, 1911. -W. AA. Enciclopedia de la Religión Católica Barcelona, 1950 Tomo I.

Publicado en la revista de Alanís del año 1999

 

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